Ciclismo urbano

Tengo una bici y la uso para ir al trabajo. Qué estupenda! Qué moderna! Qué práctico, no? Pues no.

Que sí, que no contaminas, que es muy Earthfriendly y todo lo que queráis, pero hacerte la urbanita vintage es muy duro. Como dice Haine en su libro Manual del ciclista urbano “para los coches eres invisible” y yo añado: Y PARA LOS PEATONES TAMBIÉN. Te ven venir sacando el higadillo cuesta arriba y pasan por delante de ti como si fueras transparente. Hasta los autobuses te cierran! Un saludo muy caluroso a la conductora del 27 y a toda su familia.

Taipei, Amsterdam y Copenague son el Top3 del ranking mundial de sitios bicicleteros con cara y ojos.  Y Trondheim (Noruega) ya se sale de Pro. En la colina de Brubakken (o nombre muy similar) instalaron un ascensor/telearrastre para subir cómodamente hasta arriba. Muy fuerte.

Qué bien iría esto para la Avinguda Tibidabo

Pero nosotros vivimos en una ciudad que es como es. Barcelona, en su eterna hipocresía quiere hacerte creer que también está preparada para que te muevas en bicicleta. Ja! Te pinta unos carriles, te monta un servicio que promueve la movilidad a precio moderado, te organiza algunas fiestas populares y pone unas pancartas. Aparca el coche y ves en bici. Sí, bueno, vale, deacuerdo. Como lema está  bien.

La cruda realidad es esta: los carriles “desaparecen” misteriosamente cuando no interesas. Tu vas ahí pedaleando tranquilamente y de repente…. Ops! ya no hay carril! ¿qué hago? ¿Vuelo hasta el otro lado de la plaza?

No se…. hay que tomar decisiones difíciles. Paso por entre los taxis? Arrollo algunos turistas? Le hago unos crusaítos a los camiones por el carril derecho? Depende de el día hago una cosa u otra. Es algo que va mucho con el estatus emocional y no con el art. 14 de la ordenanza municipal.

– Equipaje

Por Gràcia se estila mucho la caja de fruta o de Danone como portaequipaje. Hay que respetarlo, cumple su función y nadie te lo roba. Hay alforjas muy útiles y muy estéticas.

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Si lo que tenéis que transportar son niños y no paquetes, mejor los ponéis aquí. No sea que vengan los Servicios Sociales y os retiren la custodia. Eh? Papis?

– El sillín 

Atención que yo esto no lo sabía. Un sillón bueno es un sillón duro. Por lo visto si el sillín es demasiado acolchado los dos huesos que tenemos en la base de las nalgas se resienten. Hay que buscar un sillín duro que encaje perfectamente con tus dos huesos. De lo contrario puedes sentir hormigueo, entumecimiento… Vale la pena invertir.

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– Seguridad

Hay cosas muy monas pero yo os aconsejo que os dejéis de cucadas. Una buena U, de luxe o sencilla, pero U. Eso no lo corta ni una radial.

Ejemplo muy decorativo, pero muy cortable con un cortauñas

Ideas de almacenaje

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Reflexiones finales, profundas y meditadas

Sólo me queda deciros que es muy agradable ir en bicicleta, te proporciona libertad de movimiento, aparcas en la puerta de tu destino y te sientes en paz con el universo por respetar el medioambiente. Pero no podemos obviar los inconvenientes: sólo el 1% de los ciudadanos nos desplazamos en bici (este dato no me lo saco de la manga); respiras el CO2 de los autobuses que da gusto;  molestas a los peatones y los coches te pitan. Ni siquiera las motos muestran síntomas de colegueo, en plan, eh… muy bien, tú también te la juegas.

Como usuarios del espacio urbano los ciclistas están en tierra de nadie y no parece que esto vaya a cambiar. Por mi parte seguiré desplazándome así. Hasta que me harte, o hasta que alguien me parta la cara por dar las gracias con ironía por su incivismo.

Os deseo paz y seguridad 💙

Este post se publicó primero en DisorderMag

Lo que me enseñó un chimpancé

Si no habéis visto todavía el documental sobre la vida de Jane Goodall os lo recomiendo muchísimo. Hoy no hablaremos de ella, me guardo el As para otro día. Ahora hablaremos de lo que aprendí en una de las escenas.

Os pongo en situación. Un chimpancé se acerca a ella, que está tranquilamente sentada bajo un árbol. Parece que él se siente cómodo y apoya la cabeza en el brazo de Jane. Todo va bien, desde fuera crees que ella ha hecho algo bien para merecer la confianza intuitiva del mono. “Ah, claro… es una gran experta, sabe cómo comportarse, que no tiene que mirarlos fijamente y no intervenir a no ser que sea invitada. Bravo, Jane. Eres una gran profesional y muy buena y generosa. Buah, qué crack, seguro que le va genial en la vida”. (Estos y otros pensamientos similares podrían surgir viendo la escena).

Un instante después el chimpancé se levanta, se aleja, vuelve inesperadamente y le tira un palo. ¿La ha agredido? Y si es así, ¿por qué? Hace un momento parecía quererla. Y ella no ha hecho nada diferente al instante anterior.

Esto muy simple y muy tonto me lleva a cuestionarme si depende VERDADERAMENTE de nosotros cómo los demás se sienten con y respecto a nosotros. Cómo se comportan, lo que sienten, lo que piensan los otros ¿tiene que ver con nuestras acciones o nuestros comportamientos? Yo creo que no. Pienso que no importa si soy cariñosa o no. Si soy generosa o egoísta. Tacaña o espléndida. Habladora o introvertida. ¡No importa! Los demás actuarán siguiendo sus códigos, normas y pensamientos. Porque quién no conoce a alguien cariñoso cuya pareja le brinda constantemente desprecios. Personas generosas que raramente reciben retorno. Individuos muy secos que son adorados por su entorno. Y así hasta el infinito.

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Así que,  si no depende de nosotros, ¿qué nos queda? ¡Vivir en libertad! Eres un mono y me agredes, ¡pues muy bien! Es tu problema no el mío. Si me haces daño me pondré una tirita, o puntitos (depende) y a vivir que son dos días.

Eso sí, se confunde esta libertad de estar centrado en uno mismo y relativizar qué hacen y cómo reaccionan los demás con egoísmo. Y eso quizás nos lleve a pensar que si no somos suficientemente buenos con los demás no estamos obrando bien. ¿Eso es así de verdad? O es una trampa. Quizás estando bien, realmente bien con nosotros mismos, estamos haciendo un bien a nuestro alrededor. Y eso puede ser más positivo que cualquier acto concreto.

Esto me hace pensar en lo sorprendida que me quedé el día que aprendí que en caso de emergencia en un avión antes tienes que ponerte a salvo tú que ayudar al prójimo. Ese bofetada de lógica casi me mareó. Pero no puede ser más cierto. Si tu no estás, ¿a quien vas a proporcionar ayuda?