Inclinar la balanza

Es lunes, estamos dormidos, en la ciudad todo va deprisa, los coches, las motos, los autobuses, la gente. ‘¿Por qué no me ha dejado pasar?, claramente yo tenía preferencia’, ‘Pero, ¿qué hace?, está tonto o qué’, ‘Ya se podía apartar un poco, jolín, ¿la gente no se da cuenta?’…. Para cuando llegamos al trabajo ya hemos vivido muchas situaciones que nos generan pensamientos más o menos desagradables en función de cada uno.

Nos fijamos en lo “malo” de las situaciones y muchas veces lo negativo tiene más peso que lo positivo. Y esto no es así por casualidad, es una consecuencia de la evolución del ser humano. Si no nos fijáramos en lo malo no captaríamos los peligros y no podríamos sobrevivir. Pero ahora que ya andamos más rectos, tenemos menos pelos en el cuerpo y podemos mandarnos mensajes de aviso por el móvil, ¿no podríamos hacer un esfuercito y fijarnos más en lo bueno que en lo malo? Nada, un poco sólo. Una ligera inclinación de la balanza.

Este proyecto anima a los profesores a comunicar a sus alumnos que ellos son la razón por la que van cada día al trabajo. Por el esfuerzo que hacen los chicos y chicas, por la amabilidad que les muestran, o cualquier motivo que les llegue al alma. No está subtitulado, pero las reacciones son universalmente comprensibles.

¿Qué pasaría en el trabajo si acabáramos así la semana? Los viernes hablar cinco minutos y destacar algo bonito que haya pasado. ‘Me trajiste un vasito de agua’, ‘me dejaste entrar primero al baño cuando estaba apurada’, ‘me ofreciste una galletita’, GRACIAS. Un repaso de pequeños gestos que nos han alegrado la semana laboral y a los que damos espacio para que se vea el valor que le damos.

Si semanal lo encontráis muy empalagoso lo podéis hacer mensual, o anual, ¡o aleatorio! No se, es una idea…. Una idea que puede llevar a otras, no os limitéis :)

Anuncios

Lo que me enseñó un chimpancé

Si no habéis visto todavía el documental sobre la vida de Jane Goodall os lo recomiendo muchísimo. Hoy no hablaremos de ella, me guardo el As para otro día. Ahora hablaremos de lo que aprendí en una de las escenas.

Os pongo en situación. Un chimpancé se acerca a ella, que está tranquilamente sentada bajo un árbol. Parece que él se siente cómodo y apoya la cabeza en el brazo de Jane. Todo va bien, desde fuera crees que ella ha hecho algo bien para merecer la confianza intuitiva del mono. “Ah, claro… es una gran experta, sabe cómo comportarse, que no tiene que mirarlos fijamente y no intervenir a no ser que sea invitada. Bravo, Jane. Eres una gran profesional y muy buena y generosa. Buah, qué crack, seguro que le va genial en la vida”. (Estos y otros pensamientos similares podrían surgir viendo la escena).

Un instante después el chimpancé se levanta, se aleja, vuelve inesperadamente y le tira un palo. ¿La ha agredido? Y si es así, ¿por qué? Hace un momento parecía quererla. Y ella no ha hecho nada diferente al instante anterior.

Esto muy simple y muy tonto me lleva a cuestionarme si depende VERDADERAMENTE de nosotros cómo los demás se sienten con y respecto a nosotros. Cómo se comportan, lo que sienten, lo que piensan los otros ¿tiene que ver con nuestras acciones o nuestros comportamientos? Yo creo que no. Pienso que no importa si soy cariñosa o no. Si soy generosa o egoísta. Tacaña o espléndida. Habladora o introvertida. ¡No importa! Los demás actuarán siguiendo sus códigos, normas y pensamientos. Porque quién no conoce a alguien cariñoso cuya pareja le brinda constantemente desprecios. Personas generosas que raramente reciben retorno. Individuos muy secos que son adorados por su entorno. Y así hasta el infinito.

pexels-photo-169927-medium.jpeg

Así que,  si no depende de nosotros, ¿qué nos queda? ¡Vivir en libertad! Eres un mono y me agredes, ¡pues muy bien! Es tu problema no el mío. Si me haces daño me pondré una tirita, o puntitos (depende) y a vivir que son dos días.

Eso sí, se confunde esta libertad de estar centrado en uno mismo y relativizar qué hacen y cómo reaccionan los demás con egoísmo. Y eso quizás nos lleve a pensar que si no somos suficientemente buenos con los demás no estamos obrando bien. ¿Eso es así de verdad? O es una trampa. Quizás estando bien, realmente bien con nosotros mismos, estamos haciendo un bien a nuestro alrededor. Y eso puede ser más positivo que cualquier acto concreto.

Esto me hace pensar en lo sorprendida que me quedé el día que aprendí que en caso de emergencia en un avión antes tienes que ponerte a salvo tú que ayudar al prójimo. Ese bofetada de lógica casi me mareó. Pero no puede ser más cierto. Si tu no estás, ¿a quien vas a proporcionar ayuda?

Los pequeños detalles

Todo está en ellos, la esencia de la vida. La profundidad de todo.

Hoy he visto Cielo sobre Berlín de Wim Wenders, una joya de los 80. Qué maravillosa fotografía y qué bálsamo para el alma visionar una película así.

images-4.jpg

Tantas cosas que destacar. Los pensamientos de cada una de las personas a las que el ángel se acerca, esa cháchara imparable que nos aturde la cabeza. Los gestos de amor hacia la gente que sufre. La escucha secreta y silenciosa que dedica a cada una de ellas. Su sonrisa llena de paz. Pero sin duda lo que me parece más bello es el listado de cosas que comparte con su compañero, otro ángel,  ante la pregunta – Y tú, ¿qué me cuentas?

  • Una mujer ha cerrado el paraguas a pesar de que llovía para poder mojarse
  • Un escolar ha descrito a su profesor cómo crece un helecho
  • Un invidente se ha tocado el reloj al notar mi presencia

¿No es precioso este intercambio? Hagámoslo, busquemos un momento en nuestras conversaciones para intercambiar belleza. Coleccionémosla. Llevemos una libreta o hagamos una nota en el móvil. Regodeémonos en lo bueno que nos rodea. Propongo así, a lo loco…..

Y acabo con su anhelo por ser humano, ni que sea por un rato para “poder sentir el viento al dar cada paso, ahora y ahora”. Nosotros podemos sentirlo. ¡Pero qué suerte!

Creí que Martin Parr era mi padre

Autoretratos en Benidorm,  Las Vegas, el interior de la cabeza de un tiburón (sí, tope normal). Montajes chusteros pre-photoshop, foto-souvenir con marco de palmeritas y puestas de sol…. Martin casi nunca sonríe y casi mejor porque cuando lo hace es realmente inquietante.

Souvenirs, todo muy kitsh, todo muy pop

La exposición Souvenir (2012) describía la fotografía entendida como pieza de coleccionista. El turista concibe los “marcadores turísticos” como un trofeo. La Sagrada Familia, la Torre Eiffel, el Empire State Building DEBEN ser fotografiados. Por las buenas o por las malas, eso no se cuestiona. ¿O es que no habéis notado e incluso puesto cara de perro porque alguien no se aparta del encuadre perfecto ante el monumento de turno?

Agradezcamos pues el interés de Parr por lo banal y su arte en la plasmación de lo curioso (yo diría freak) para la posteridad.

Estoy absolutamente de acuerdo con la mirada de Parr y aún así me sorprende cuántas fotos parecidas conceptualmente he hecho. Lo que pasa es que Parr sabe lo que hace, claro, yo solo hago fotos chorras. Una muestra de lo que estamos tratando:

Ahí debajo en chiquitito está el lagarto del Parc Güell. Si Gaudí levantara la cabeza permitiría que le volviera a atropellar un tranvía
Turista tomando el sol. Y no se te hacen los pezones a la plancha? Pregunto
Turistas haciendo el canelo en la Torre de Pisa, esta la tenemos todos
Foto tomada en  Palestina, jo jo jo…. no words

En fin, ya veis de qué va nuestro rollo.  Y siento tanta conexión que sólo espero muy mucho que su intención sea siempre humorística. Viendo Souvenirs la sonrisa e incluso la carcajada me acompañaron todo el rato. Me pareció que era el típico al que sus amigos deben definir como “un cabrón”. Pero en plan bien, ya sabéis “jaja, qué Cabrón Martin, jajaja”….

Quiero ser su amiga, su hija, su ayudante o su vecina del quinto. Me da igual.

Este post se publicó primero en DisorderMag.

No levantes muros, aprende a traspasarlos

Como consejo me parece fantástico. Pero ¿cómo hacer para no ceder a la tentación de protegerse del dolor? ¿Es progresivo el levantamiento de ese muro? Primero una fina capa, invisible a los demás; luego con el tiempo y lo que vivimos como desagravios más y más capitas; tras un duro golpe una bien gruesa y así, hasta que al final tenemos una sólida e infranqueable pared de cemento armado. O más bien es un mecanismo de movimiento rápido, automático, como la armadura de un robot futurista. En un segundo nuestro corazón queda protegido y a la vez aislado. Intocado pero extremadamente solo.

photo-1453975614608-505293680dc6.jpg

Y sea de una manera o de otra, o incluso de más que no puedo imaginar, ¿cómo derribar estas barreras que creamos? Yo apostaría por la confianza en la vida. Dicen que lo que nos pasa en cada momento es exactamente lo que necesitamos que nos pase. Así pues, si es necesario experimentar ciertas cosas, ¿nos sirven los muros? O sólo retrasan lo que debemos transitar para ver. Quizás además de confianza es necesaria la aceptación. Aceptar que lo que vivimos “tenemos” que vivirlo aunque lo que nos está pasando sea muy duro.

“No levantes muros, aprende a traspasarlos” es una frase de Dios vuelve en una harley de Joan Brady que leí hace muchos, muchos años ya. Me gusta mirar atrás y comprobar si lo que veía de cierto modo hace una década sigue vigente o no. Y en este caso, sinceramente, creo que sigo con la misma sensación. De verdad que estoy muy de acuerdo. Pero honestamente, no se si podré (ni dejar de levantarlos y mucho menos traspasarlos). A lo que si puedo comprometerme es a estar muy atenta respecto a este tema.

Un saludo Sra. Brady.

 

 

 

10 fotógrafos que os dejarán flipando

¿Hartos de ver siempre lo mismo? ¿Cansados de dar vueltas por Flickr? ¿Hasta los mismísimos de Cartier-Bresson? ¿Ávidos de inspiraciones y sensaciones fuertes? ¡Este es vuestro post! Aquí os traigo los diez fotógrafos que me han dejado muerta por un motivo u otro. Un no parar de flipar y de pensar… ¿lo hicieron en serio o me están vacilando? A ver qué os inspiran.

Continúa leyendo este post en Sales de Plata.

El fotógrafo más sexy de National Geographic

Hace muchos muchos años, cuando creíamos que Clint Eastwood solo sabía pegar tiros, fumar puritos o girar la cabeza bruscamente y escupir, se estrenó una película llamada Los puentes de Madison County. ¡Qué sorpresa descubrirle como un hombre atractivo! Y más que por su físico, que era el de siempre (carita de chupar limones, cuerpo rígido, pelo-whisky), lo que resultaba más fascinante era que fuera un fotógrafo National Geographic. Dios, ¡qué glamour!

Puedes leer el post completo en Sales de Plata